De la Adoración a la Compasión

« Los miembros de la Comunidad de Emmanuel se comprometen en la medida de lo posible a un largo tiempo de adoración cada día (adoración al Santísimo cuando esto sea posible)” (Estatutos, 15).

Al hacerlo, contemplamos a Cristo presente en la Eucaristía que entrega su vida por amor para la salvación de todos los hombres. Nos ofrecemos a nosotros mismos para responder a la sed de amor que Cristo expresó en la cruz (Juan 19, 28)

La contemplación nos enseña a verlo todo a la luz de la compasión. Es decir, que la oración vivida a diario nos lleva a compartir los sentimientos del mismo Cristo hacia los hombres: esto es, la compasión hacia aquellos que “mueren de hambre, material y espiritualmente” (Estatutos I). Ello se expresa concretamente en el comportamiento y a través de diversas obras comunitarias. Jesús se da a querer en el pobre y en el que sufre, sin embargo no se trata solamente de aliviar las pobrezas y miserias naturales.

La adoración conduce a los miembros del Emmanuel a darse cuenta de que la mayor miseria, el mayor sufrimiento más profundo es no conocer a Dios o estar separado de Él por el pecado. La verdadera compasión de Jesús es salvar a los hombres creados por el Padre. Hacerse discípulo del Emmanuel es arder en deseos de contribuir con Él a que todos los hombres se salven.